«La caza indiscriminada rompe el equilibrio natural de los ecosistemas»
Entrevista a Andoni Díaz, exguarda forestal y defensor del medioambiente
En el mundo de la conservación de la naturaleza, pocas voces tienen la autoridad y la experiencia de Andoni Díaz. Con más de 40 años dedicados a la protección del medioambiente, ha sido testigo de primera mano de cómo ciertas prácticas de caza pueden alterar el equilibrio de los ecosistemas. En esta entrevista con Free Fox, Díaz denuncia la permisividad de las administraciones y la falta de rigor en la regulación del control de depredadores.
«Más de 40 años protegiendo la naturaleza»
FREE FOX: Para empezar, ¿quién es Andoni Díaz?
ANDONI DÍAZ: Durante más de 30 años he sido guarda o agente forestal de Medio Ambiente y, antes de eso, trabajé

durante una década en distintos ámbitos medioambientales: bombero forestal, reforestación, limpieza de montes y ríos, seguimiento de fauna… En total, he dedicado más de 42 años a la protección del entorno natural. Ahora, recien jubilado, sigo comprometido con la conservación de nuestros ecosistemas.
«El control de depredadores: una práctica cruel y sin fundamento»
F.F.: En tu experiencia, ¿en qué consiste realmente esta práctica?
A.D.: Se trata de un control que implica la captura y posterior muerte de ciertos animales, lo que tristemente sigue siendo autorizado por las administraciones. La caza se permite durante todo el año, incluso fuera de la temporada, con el pretexto de regular especies catalogadas como “alimañas” o “dañinas”.
Para ello, se utilizan métodos no selectivos y, en muchos casos, ilegales según la propia ley de caza: lazos, cepos, armas con silenciadores, focos, caza nocturna o desde vehículos… Estas prácticas no solo suponen un grave riesgo para la fauna protegida, sino también para las personas.
Los expertos en biología y ecología, incluyendo al propio Félix Rodríguez de la Fuente en su día, hemos denunciado repetidamente esta barbarie sin sentido. Es indignante que los llamados «alimañeros» –algunos de ellos, incluso, guardas rurales de caza– promuevan esta práctica para proteger las poblaciones de perdices… que ellos mismos cazan posteriormente por placer. Se contradicen por completo.
Para colmo, algunos de estos individuos llegan a publicar en internet vídeos de sus capturas, mostrando el sufrimiento de los animales y alardeando de sus «hazañas». Una auténtica vergüenza.
«Las administraciones permiten estas salvajadas»
F.F.: ¿Te consta que estas prácticas se llevan a cabo en España?
A.D.: Sin duda. Se autorizan en muchas comunidades autónomas, a menudo sin informes técnicos previos de los agentes forestales. No se estudia la densidad real de estas especies ni los daños que supuestamente provocan.
Lo más preocupante es que estas autorizaciones las conceden funcionarios y cargos políticos sin conocimientos en la materia, dejándose influenciar por los cazadores y algunos guardas rurales con intereses en la actividad cinegética. Es una dejación de responsabilidades que está costando la vida a miles de animales cada año.
«Los ecosistemas no necesitan ser regulados por el ser humano»
F.F.: Algunos defienden estas prácticas argumentando que es necesario regular los ecosistemas. ¿Estás de acuerdo con esta afirmación?
A.D.: Para nada. Está demostrado que los ecosistemas tienen la capacidad de autorregularse sin necesidad de intervención humana. Existen estudios científicos que lo avalan.
El problema es que, en muchos casos, es el propio ser humano el que altera ese equilibrio por intereses económicos o recreativos. Estas interferencias, lejos de mejorar la calidad ambiental, generan desequilibrios que afectan a todas las especies, incluidas las vegetales y, por supuesto, a nosotros mismos.
«Las trampas causan un sufrimiento atroz a los animales»
F.F.: Desde tu experiencia como guarda forestal, ¿los animales capturados en estos controles sufren daños?
A.D.: Sin ninguna duda. Hablamos de trampas extremadamente dañinas. Un claro ejemplo es el lazo «Wisconsin», que, según la zona del cuerpo en la que atrape al animal, puede provocar heridas graves, fracturas e incluso la muerte por asfixia

o desangramiento.
Pero el sufrimiento no acaba ahí. La fauna capturada experimenta un enorme estrés y, en su desesperación por liberarse, se provoca aún más daño. Hay animales que permanecen atrapados durante horas o incluso días, debilitándose sin acceso a agua ni comida, hasta que finalmente mueren de agotamiento o son ejecutados por los mismos cazadores que los capturan.
He sido testigo de muchos casos de furtivismo y de la utilización ilegal de estas trampas. Algunas de ellas incluso han atrapado especies protegidas. Y lo más indignante es que, en ocasiones, estos animales son abatidos sin piedad mientras sus verdugos graban en vídeo la escena para presumir en redes sociales.
Otro aspecto inaceptable es que estas autorizaciones permiten matar a animales en época de celo, a hembras embarazadas e, incluso, a crías que apenas han tenido oportunidad de sobrevivir.
«Es hora de poner fin a esta barbarie»
La denuncia de Andoni Díaz pone sobre la mesa un problema que, a pesar de las protestas de expertos y conservacionistas, sigue ocurriendo en España con el beneplácito de las administraciones. La caza indiscriminada, disfrazada de control poblacional, no solo atenta contra la fauna salvaje, sino que también rompe el frágil equilibrio de los ecosistemas.
Para Díaz, la solución está clara: acabar con estos permisos injustificados, proteger las especies amenazadas y concienciar a la sociedad de la importancia de preservar la naturaleza. Porque, como él mismo dice, «los ecosistemas no nos necesitan para regularse, pero nosotros sí necesitamos ecosistemas sanos para vivir».





